Los Riesgos de una Mala Aplicación de Herbicidas

Las malezas representan un problema recurrente en la mayoría de los espacios cultivables y al igual que los cultivos son resultado de una selección involuntaria del hombre, pues hoy en día se tienen especies que predominan sobre los cultivos y causan pérdidas económicas totales. A nivel mundial existen alrededor de ocho mil especies de malezas y de los daños causados por plagas en la agricultura las malezas ocasionan el 13 %. Entre los problemas que causan están: competencia por luz y nutrientes con el cultivo, son hospederas de plagas y enfermedades, liberan compuestos tóxicos para evitar el crecimiento de otras plantas y causan dificultades al momento de la cosecha pudiendo contaminarla. Para el control de las malezas el método químico basado en la aplicación de sustancias conocidas como herbicidas es el más utilizado. De acuerdo a reportes de Mordor Intelligence, en el año 2015 el mercado mundial de plaguicidas tuvo un valor de 58.5 millones de USD, de las cuales el 44, 21, 26 y 9 % correspondieron a herbicidas, insecticidas, fungicidas y otros, respectivamente. Estos datos demuestran que se utilizan altos volúmenes de herbicidas y aunque cumplen una función importante, deben ser manipulados con precaución ya que son sustancias peligrosas para el hombre y el ambiente.

Riesgo a la seguridad

Desde su invención se conoce que los agroquímicos son peligrosos en exposiciones directas al instante o a largo plazo para la salud humana. El manejo adecuado de herbicidas ayuda a evitar el riesgo de efectos secundarios o incluso intoxicación que puede ser mortal con altas dosis en humanos.

Riesgo de resistencia

El control químico de malezas se realiza interrumpiendo el crecimiento o inhibiéndolo por medio de sustancias de origen natural o químico que actúan sobre la planta provocando su muerte. Sin embargo, una mala cobertura o aplicación de dosis fuera del rango recomendado tiene consecuencias como la persistencia de las malezas y que estas compitan con el cultivo por nutrientes, espacio y luz, y el posible riesgo de desarrollo de resistencia. La resistencia es la capacidad de las malezas de sobrevivir a un tratamiento con herbicida y además es heredable.

La falta de conocimientos técnicos para la elección de herbicidas con diferente modo de acción y la aplicación poco eficiente y oportuna del producto han provocado que muchas poblaciones de malezas tengan resistencia a algunos ingredientes activos.

Hoy en día existen especies que sobreviven a ingredientes activos de distintos herbicidas y esto hace que los productos que llevan mucho tiempo pierdan efectividad volviéndolos susceptibles a generar resistencia a un gran número de especies. Actualmente se han reportado 251 especies de malezas resistentes a herbicidas en el mundo, de las cuales 146 son dicotiledóneas y 105 monocotiledóneas; la resistencia se ha detectado a 162 herbicidas diferentes.

La resistencia incrementa el costo del manejo de malezas, reduce las opciones de herbicidas viables para el control de malezas y provoca pérdidas del rendimiento potencial e ingresos del productor. Su manejo requiere de cambios en las prácticas de manejo de malezas y del cultivo.

Riesgo de toxicidad

El daño más común por herbicidas en las plantas es la toxicidad y tiene muchas causas que implican manejo del producto y la aplicación. Las causas más comunes del riesgo de toxicidad son:

Aplicación directa. Hay dos tipos de daño por aplicación directa, el primero es el traslape que consiste en un mal recorrido del tractor al dar vuelta y pasar con la orilla de la barra dos veces sobre el mismo surco o cama de siembra, y el segundo es cuando se aplica directamente sobre el cultivo pero la etapa no es la adecuado por lo que la aplicación debe ir dirigida evitando tocar las hojas.

Sobredosificacion. El cálculo de la dosificación en las aplicaciones tiene su importancia sobre la cantidad de ingrediente activo que actúa en el área de cultivo.

El tamaño de gota al igual influye en la cobertura, puede aumentar o disminuir con el tipo de boquilla e incluso evitar la deriva. Otro elemento a evitar son las variaciones de velocidad en el equipo de aspersión, pues la permanencia de la aplicación en un sitio añade mayor cantidad de producto a un área generando daño.

Residualidad. Dependiendo del herbicida algunos son de fácil desintegración ya sea en el aire o suelo por medio de microorganismos, sin embargo algunos que poseen actividad en el suelo tienen mayor permanencia y se deben respetar los intervalos entre siembra de cultivos puesto que si el producto que se usó el ciclo pasado sigue activa y el cultivo a sembrar es susceptible se generan pérdidas importantes.

Contaminación. Las contaminaciones no solo afectan al ambiente, después de la aplicación se deben eliminar todos los residuos del equipo, especialmente los de herbicidas que no son selectivos pues dañan a todo tipo de plantas; en este caso la limpieza y mantenimiento del equipo de aspersión previene daños por residuos de productos a los cultivos, especialmente cuando el equipo se utiliza para otros fines como fertilización foliar, etc.

Deriva. En las aplicaciones a campo abierto influye de gran manera el viento, pues es determinante para decidir cualquier aplicación de agroquímicos, se considera estable una velocidad de viento entre 7 y 10 km/h, que se puede medir con aparatos accesibles y disponibles en la mayoría de puntos de venta de equipos.

La deriva se produce cuando el viento tiene una velocidad mayor a 10 km/h y acarrea el producto desde la zona de aplicación hasta otra no deseada donde puede provocar daños a otros cultivos, cuerpos de agua, fauna silvestre o comunidades cercanas. Este riesgo se puede reducir modificando la altura de la barra, la selección de la boquilla usada y con coadyuvantes antideriva que aumente el peso de la gota. Este fenómeno se identifica por quemaduras en las orillas colindantes de cultivos aledaños.

FUENTE: https://www.intagri.com/articulos/fitosanidad/los-riesgos-de-una-mala-aplicacion-de-herbicidas

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